En el contexto actual, en un escenario económico, político y social marcado por la aparición de una crisis sanitaria ocasionada por la irrupción de la pandemia del COVID19 en el panorama mundial, en medio del extraordinario reto que suponen retornar a las compañías a la normalidad, debe pensarse en nuevas estructuras y medidas que, den respuesta a las inéditas necesidades propiciadas por la tan cambiante realidad económica que vivimos en la actualidad.

Tras este golpe de realidad, hemos tenido que replantearnos todo lo que, hasta el momento, dábamos por hecho y, en el ámbito financiero, no ha sido diferente.

En un sector, el del capital y la liquidez, distinguido por la competencia y la agilidad, estamos presenciando un creciente auge de la competencia por encontrar aquellas oportunidades de inversión más atractivas, que en un clima de declive económico como el que se avecina en los próximos meses, da la sensación que son cada vez más escasas.

A pesar de que los mercados, desde un punto de vista económico, se encuentran, a grandes rasgos, de capa caída, el ambiente de esta situación tan peculiar a la que hacemos frente hoy en día, está propiciando un entorno en el que aquellas empresas que sean capaces de identificar y exprimir las nuevas oportunidades que están apareciendo en el mercado podrán crecer de manera exponencial, ya sea satisfaciendo nuevas necesidades que nunca nos habíamos planteado; o bien, reestructurando o transformando sus planes de negocio y trayendo a la mesa nueva y más eficaz liquidez para volver a la senda de crecimiento y aprovechar la oportunidad que le ofrece el mercado.

Esto no es algo único y exclusivo de esta crisis, se da en todas las acontecidas a lo largo de la historia. Tradicionalmente, los gestores empresariales más audaces, ágiles y con más experiencia, saben encontrar el nicho de mercado del que beneficiarse económicamente sin importar la coyuntura económica. Sin embargo, saben que para que ello suceda, necesitan contar con nueva liquidez, diferente también, ya sea capital o deuda, que se adapte con agilidad y flexibilidad a las condiciones cambiantes de un entorno de incertidumbre económica como la actual.

Es por ello que, en 2007, los administradores de Hedge Funds y Private Equity Funds se vieron obligados a ampliar no solo su estrategia de inversión, sino también las estructuras de inversión; creando lo que en la actualidad conocemos como Distressed Private Equity.

Desde entonces, esta estrategia y tipo de inversión se ha sumado a la tradicional estrategia de inversión de los Fondos de Private Equity y, están llamados a completar la inminente necesidad de capitalización que tendrán que abordar las compañías dentro de los procesos de Reestructuración Financiera.

Estos Distressed Private Equity se distinguen por aunar características de los Distressed Debt Trading, así como, de las operaciones de LBO. Su estrategia se estructura, habitualmente, mediante inyección de capital en la forma de un préstamo con opción a compra de una participación de control en la empresa.

Para que este capital resulte eficaz en la consecución de los objetivos empresariales resulta clave abordar con carácter previo un sólido Plan de Reestructuración Económica y Financiera de la empresa que identifique el valor aportado por la nueva liquidez.

Es necesario tener en cuenta que estos procesos de Reestructuración e integración de nuevo capital en la compañía requiere de procesos y gestores sumamente profesionalizados y con experiencia previa en el diseño, dirección y ejecución de la transacción; y, más importante si cabe, deben contar con independencia para tomar y llevar a término, en la mayoría de las ocasiones, decisiones complejas; a veces, dolorosas.

En cuanto a la importancia que tendrá los fondos de Distressed Private Equity, con seguridad, sobre ellos recaerá en gran medida la capacidad de muchas empresas para hacer frente a los desafíos y la complejidad que está próxima ola de reestructuraciones empresariales suponen. Así está sucediendo, de hecho. Solo tenemos que leer las noticias sobre los procesos de co-inversión que requiere la SEPI para considerar su entrada en las compañías que actualmente ya están abordando el proceso de Reestructuración.