“En torno a 100.000 empresas echaron el cierre en 2020.”

Este es el devastador titular que sacude el panorama empresarial español tras un año 2020 que todos recordaremos como uno de los peores de la historia y que es comparable a años ya prácticamente, olvidados de guerra.

Pero antes de desgranar este dato, comencemos desde el principio con una visión previa que nos ponga en contexto.

 

 ¿Cómo es nuestro tejido empresarial?

 

El tejido empresarial español es singular, y cuenta con casi un 90% de empresas familiares o de origen familiar, generando estas más de 6 millones de puestos de trabajo.

En lo que se refiere al tamaño tal y como podemos observar en el gráfico, más del 60% de las empresas familiares españolas, son pequeñas empresas, es decir, tiene menos de 50 trabajadores y un volumen de negocio y balance general igual o inferior a 10 millones de euros.

El siguiente tamaño en volumen en nuestro país son las microempresas que tienen menos de 10 trabajadores y un volumen de negocio y balance general igual inferior a 2 millones de euros.

La conclusión es clara, en torno al 90% de nuestras empresas son pequeñas o muy pequeñas, y esta peculiaridad será una de las principales causantes de la enorme destrucción de compañías, aunque no será la única.

Muchas son, por tanto, restaurantes, tiendas de ropa, cafeterías, talleres de coches, gestorías, supermercados, inmobiliarias, zapaterías, peluquerías, guarderías…o panaderías que empiezan prácticamente desde cero, hipotecando, en la mayoría de los casos, su vivienda principal para conseguir la financiación que les permita dar los primeros pasos.

Este hecho, marcará de forma definitiva, y como veremos más adelante, la enorme incidencia que los efectos de la pandemia, (además teniendo en cuenta la inexistencia de ayudas directas) han tenido sobre nuestro tejido empresarial.

Además, si nos paramos a analizar aquellos sectores con una mayor cantidad de empresas consideradas micro o pequeña, el dato tampoco debería sorprendernos:

 

Como podemos observar, las actividades de hostelería, industria manufacturera o comercio son aquellas que en nuestro país se llevan a cabo mediante pequeñas o muy pequeñas empresas y normalmente de origen familiar.

Todos estos datos debemos tenerlos en la cabeza a la hora de intentar entender que y porque de la destrucción tan grande de empresas durante el año 2020. Comencemos.

 

¿Qué tipo de empresas han sufrido más la pandemia?

 

En el grafico superior se observa como aquellas empresas con menos de 50 trabajadores, han sufrido un notable descenso.

En torno a 50.000 empresas con un solo trabajador han desaparecido en el periodo que va de enero a diciembre del 2020, esto supone 1 de cada 10 empresas del citado tamaño.

Justo por detrás aparecen aquellas empresas que contaban con entre 2 y 5 trabajadores y aquellas que contaban con una plantilla compuesta por entre 6 y 50 trabajadores, anotándose en ambos casos cierres superiores a 20.000 compañías.

Este hecho, se deriva de muchos motivos, pero existen algunos que son comunes para todas ellas y que explican el enorme golpe asestado sobre esta parte tan importante de nuestro tejido empresarial:

  • Falta de liquidez: Las compañías de menor tamaño, están acostumbradas a realizar su actividad con una liquidez moderada, que nos les ha permitido poder afrontar tantos meses de facturaciones muy por debajo de lo que acostumbra.

La caja, ha sido el juez que ha marcado en muchos casos, la supervivencia o no, de miles de pequeñas empresas acostumbradas a funcionar y vivir prácticamente al día.

  • Dificultades de acceso al crédito: Balances pequeños y cuentas de resultados poco claras, y no preparadas para tiempos tan complejos ha hecho que la vía de la financiación bancaria no siempre haya estado abierta para determinado tipo de empresas.
  • Digitalización imposible o poco desarrollada: Por las peculiaridades de su modelo de negocio, o simplemente por la imposibilidad de digitalizar ciertos servicios, aquellas empresas que no han podido vender en un entorno digital, han misto mermar sus ingresos muy notablemente, con consecuencia de cierre en muchos casos.
  • Falta de profesionalización en sus equipos de trabajo: por sus características particulares, muchas de ellas no cuentan con un equipo profesional que le permita tener una gestión profesional de tareas tan relevantes como la gestión contable y financiera, la gestión de personal o la elección o cambio de estrategia en tiempos de enorme incertidumbre.

Además, las famosas ayudas europeas estarán más enfocadas a proyectos grandes y a empresas de un mayor tamaño, por lo que muy probablemente las compañías de menor tamaño volverán a quedar huérfanas de ayudas directas.

En aquellas empresas que superan el tamaño de 50 trabajadores, los resultados son algo distintos.

 

Solo existe un descenso poco importante en aquellas que van de los 51 a los 100 trabajadores, mientras que las empresas que van de los 100 a los 500 y en las de más de 500 trabajadores, existe un incremento de 76 y 183 compañías respectivamente.

Estos datos son bastante esclarecedores, estamos ante una adaptación o reestructuración de nuestro tejido productivo.

 

 ¿Qué salida existe para la pequeña empresa? Básicamente 2:

 

“Profesionalización y reestructuración

Se estima que hemos acelerado al menos una década, determinados cambios en los hábitos de trabajo o de consumo, y esta aceleración ha ido como no podría ser de otra manera, en detrimento de aquellas empresas más pequeñas, con una estructura financiera poco significativa y con menor adaptación al cambio brusco y en beneficio de las compañías de mayor tamaño, con una mejor capacidad de adaptación a un entorno cada vez más globalizado, y donde las economías de escala juegan un papel fundamental.

Es evidente que, como ya se mencionaba anteriormente, las pequeñas empresas han de hacer un esfuerzo adicional en la profesionalización de los equipos de trabajo con los que cuenta, y en establecer áreas de trabajo bien diferenciadas.

Una peculiaridad común a la mayoría de nuestras pequeñas o muy pequeñas empresas es la concentración de la mayoría de las tareas sobre una misma persona, que suele ser el propietario de la compañía. Este hecho, que resulta hasta cierto punto comprensible por la escasez de recursos con los que cuentan estas compañías, ha marcado el devenir de muchas, no acostumbradas a tener que realizar cambios bruscos en la estrategia comercial, financiera o fiscal.

Es importante contar con un asesoramiento más o menos profundo en función de la capacidad de cada empresa, que las ayude a resolver ciertas preguntas imprescindibles para lograr una vida larga y económicamente sostenible:

  • ¿Dispongo de suficiente liquidez para poder seguir adelante?
  • ¿La estructura financiera de mi compañía en la más optima?
  • ¿Cuáles son mis recursos clave y como debo obtenerlos?
  • ¿Es mi modelo de negocio sostenible en el tiempo? ¿Es rentable?
  • ¿Están mis equipos de trabajo preparados para hacer frente a los cambios y correctamente dimensionados?
  • Si mi negocio no funciona ¿Qué consecuencias tendrá para mí?

El día a día del empresario, no permite en ocasiones poder, ni tan siquiera, plantearse alguna de las cuestiones anteriores, por eso volvemos a recalcar la importancia cada vez mayor de destinar ciertos recursos al asesoramiento en aquellas cuestiones más incomodas o desconocidas, pero que, a la larga, marcarán la supervivencia o no de miles de compañías en nuestro país.

Nos encontramos ante una situación histórica e imprevisible, con una crisis por delante de la que no conocemos su profundidad y su impacto definitivo en el PIB de cada país.

España solo saldrá de esta enorme crisis económica con un tejido empresarial fuerte y saneado, que permita al empresario mantener el mayor número de puestos de trabajo posibles y seguir generando riqueza y prosperidad.